Pensando con el corazón

Sin amor

1 enero 2012

Corrijo un texto en el que me he encontrado con esta acertada y profunda reflexión: “La justicia sin amor te hace implacable. La diplomacia sin amor te hace hipócrita. El éxito sin amor te hace arrogante. La riqueza sin amor te hace avaro. La pobreza sin amor te hace orgulloso. El trabajo sin amor te hace esclavo. La sencillez sin amor te envilece. La oración sin amor te hace introvertido. La ley sin amor te esclaviza. La política sin amor te hace ególatra. La fe sin amor te hace fanático. La cruz sin amor se convierte en tortura. La vida sin amor no tiene sentido”. (Jorge Cotto)

20 segundos

6 abril 2011

Lo escribí hace mucho pero desde su publicación ha estado en el olvido. En esta ventana, expuesta a la luz e inmune a la polilla, les comparto este cuento breve.

20 segundos

Faltaban sólo 20 segundos para que todo acabara y el marcador seguía empatado. El partido, intenso. Agotados estaban los jugadores por el sacrificio, la tribuna por los nervios y el tablado por el repique incesante del balón. Después de casi 40 minutos de juego lo más importante estaba por hacerse y él lo sabía. Ganar o perder; en baloncesto no hay empates. Respiró profundo y recibió un pase. Entonces quedaban sólo 15 segundos. Dribling a la izquierda, jugada para desmarcar y carrera por el centro. Tan sólo restaban 10. Ingresó a la herradura y al intentar el lanzamiento lo golpearon. Tiro libre, uno y uno. El silencio fue total y faltaban sólo 7 segundos. Uno, dos, tres rebotes y lanzamiento. El balón coqueteó el aro pero se rehusó a entrar. Sudó frío. Otro más. Sólo dos rebotes, lanzamiento y… pica, pica, pica ¡adentro! Pendientes sólo 5 segundos. Bajó a defender su feudo como un templario, porque una canasta en contra era la muerte. Un contrario intentó lanzar para tres puntos pero él se interpuso y gardeó. Sonó el pitazo final y estallamos en alegría. Corrí como todos a ovacionar al héroe de la jornada y entre vivas y hurras le lanzamos al aire. Yo también quise sacarlo en hombros del coliseo, pero alguien tenía que encargarse de su silla de ruedas.

 

Protestar sin pisotear

9 marzo 2011
Protestas - excusas de destrucción

¿Por qué el sello de la protesta es la destrucción de bienes públicos que al final la gente del común termina por pagar?

Protestar, un derecho humano, esencial y hasta sagrado. Voces unidas que reclaman justicia son gestoras de cambio en nuestra sociedad. Sin embargo, cuando de protestar se trata, parece que muchos dan por cierto que el fin justifica los medios y que en el fragor de las marchas se tiene el derecho de pisotear.

¿Quién dijo que el derecho a la protesta de las masas anula o suspende los derechos esenciales de minorías o individuos? Nada justifica que, por ejemplo, en el reciente paro camionero que vivió Colombia, un pedazo de ladrillo acabara con la vida de un conductor al que no le pareció dejar de trabajar y prefirió seguir adelante con su vida. Podrían haberlo tildado de poco solidario, indiferente y hasta “judas”, pero ¿matarlo? ¿cuándo le suspendieron su derecho a la vida? ¿Qué provecho hay en apedrear buses y estaciones de los sistemas de transporte masivo que no son usados por los poderosos y cuyo cese de operaciones en cambio sí afecta a las personas del común?

Nos volvimos tolerantes a las protestas chantajistas que le bloquean la vida a muchas comunidades y toman de rehén a la opinión pública para presionar acuerdos por agotamiento y no por consenso.

¿Habrá entonces alternativa a la coacción violenta? (más…)

El cielo que te pierdes

22 febrero 2011

Las luces de la ciudad ocultan la grandeza del cielo nocturno sobre nuestras cabezas. Los invito a ver esta hermosa secuencia captada en el desierto de Atacama, lugar perfecto no solo para el observatorio que ahí existe sino también para soñar con el infinito. El cielo que nunca vemos….

ALMA Time-lapse sequences – June 2010 from Jose Francisco Salgado on Vimeo.

Perdón, querido blog. Perdón

16 febrero 2011

Querido blog,

Mea culpa. Arrepentido vuelvo a tu editor de texto, cabizbajo de la vergüenza por este prolongado, prolongadísimo abandono. No pienso escudarme en la falta de tiempo, o en mi socorrida frase de que “lo urgente no deja tiempo para lo importante”. No cavaré una trinchera en la montaña de trabajo que tengo, ni voy a alegar demencia transitoria porque nada, nada justifica el no haberte refrescado ni con una letra en tantos meses. Me abochornan tus telarañas virtuales, los contadores estancados y los comentarios vacíos, a los que solo les falta el arbusto rodante para verse igual que un pueblo fantasma del lejano oeste.

¿Me creerás si te digo que además de estar arrepentido, he hecho votos sagrados para no volver a abandonarte? ¡No me hagas esa cara, querido blog! Esta vez voy tan en serio que estoy dispuesto a sufrir la penalidad del escarnio público. Por eso, con el servidor  y con WordPress de testigos, le doy carta blanca a mis amigos, a mis lectores (que creo que son los mismos y ya nombrados amigos porque de momento son poquísimos) y hasta a mis enemigos (de ellos tampoco estoy seguro) para que me fustiguen sin misericordia cuando pase más tiempo del tolerable sin venir a visitarte con letras frescas.

Atrás quedarán los días en los que se me acumulaban hasta cinco actualizaciones de tu plataforma o tus plugins se caían de tan viejos. No habrá video de Youtube que sea más importante que tú y no volverás a pasar la vergüenza de que alguien que hace clic en mi firma de correo te visite y te encuentre de sorpresa en tan malas fachas.

Mi blog y yo, luego de reconciliarnos

También me comprometo ser detallista contigo: te sorprenderé con uno que otro widgecito novedoso, te regalaré con exclusividad algunas de mis más recientes fotografías (¿dónde dejé las pilas de la cámara?) y te regalaré dentro de poco un nuevo vestido para que estrenes plantilla y no te quejes más de que pareces un retrato.

Tenme fe, queridísimo blog. Viene un mejor tiempo en nuestra relación. Vendré seguido, movido por el gusto de escribir, y con el aliciente adicional de ser juiciosamente observado por los lectores que ahora me toman el juramento y declaran que “si no lo hiciere que Twitter y Facebook os lo demanden”.

¡Brindemos con un tweet!

P.D. Esta semana tengo mucho que hacer así que ya veremos para cuando el próximo post. Jeje… Es broma querido blog. Voy a dejar programada la próxima entrada.

Dignos de confianza

18 enero 2010

¿Por qué los heroicos voluntarios de las brigadas de socorro le pusieron tan alta la vara a nuestros desprestigiados políticos?

Socorrista chino en Haití

Foto: http://www.chinadaily.com.cn

Mientras la televisión dejaba salir borbotones de imágenes cargadas de dolor y angustia, en sus alarmantes informes sobre el terremoto de Haití, pude aislar por algunos instantes un hecho considerado normal en estas tragedias pero siempre extraordinario por sus implicaciones humanas: la participación comprometida y valiente de los cuerpos de rescate, procedentes de muchos países del mundo.

Si bien las imágenes seguían siendo dolorosas, poco a poco en ellas fue más común ver a los socorristas hurgando entre los escombros pese al peligro; salvando vidas casi expiradas muy a riesgo de la suya. Sin pretender ningún protagonismo, se echan al hombro responsabilidades a la que la mayoría tememos. El compromiso emocional de estos hombres y mujeres es también muy grande porque además de ser fuertes por fuera para mover descomunales escombros tienen que ser también muy guapos por dentro para no quebrarse anímicamente ante tan desoladora miseria. ¿Por qué van a estos lugares? ¿Qué los mueve a su decisión de voluntariado?

Hice el retorcido (e ingrato para algunos) ejercicio de tratar de encontrarle motivaciones colaterales a quienes hacen parte de los cuerpos de socorro. ¿Turismo de aventura? Difícilmente les queda tiempo para una foto, que si es tomada, de seguro no registrará una sonrisa turística. Esto no es como un congreso de médicos o una convención de gerentes de ventas donde luego de terminado el largo día de conferencias somníferas se pueden dedicar a visitar las playas o a comprar cachivaches para llevar a la casa. Los socorristas conocen los países en su peor momento, cuando hay poco qué verles y sí mucho por hacer. No hay al lado de la piscina ni recesos programados para el almuerzo. Hay trabajo intenso día y noche, alimentación precaria y muchas lágrimas contenidas.

No está editada. ¡Realmente muestran más al perro! (Foto: http://usatoday.net)

¿Prestigio personal? No van por ningún premio, por ninguna medalla. Las entrevistas son para los rescatados y las tomas de las labores de búsqueda generalmente enfocan mejor al perro que olfatea sobrevivientes. No, aquí no hay beneficios colaterales. Por el contrario, arriesgan mucho. Están expuestos a enfermarse de males extranjeros y letales; su seguridad e integridad personal no están aseguradas y fuera de eso, como sucede con los terremotos, los coletazos del desastre pueden abonarlos a ellos mismos como víctimas. ¿Y entonces por qué lo hacen? No queda más que admitir el genuino espíritu humanitario y de amor por el prójimo que mueve a estas personas. Van a rescatar extraños a países ajenos sabiendo que más allá de su paga normal, no los espera la gloria de un monumento o la alfombra roja de algún pomposo homenaje. A la vista de este cuadro, me llegó como una revelación una certeza que me motivó a escribir esta entrada: entre personas así deberíamos buscar a los servidores públicos; a los alcaldes, a los legisladores, a los presidentes…

Dele chance al planteamiento. Póngase a pensar que quizás por mucho tiempo nos equivocamos al buscar al genuino servidor público entre las parafernalias de los campañas con sancocho o las promesas baratas de la publicidad política pagada. Nos dejamos conmover por los hipócritas apretones de manos de los candidatos que “se untan de pueblo” y se bajan de los carros blindados en las barriadas (que no volverán a visitar jamás, a menos que se lancen en las siguientes elecciones) con la intención de capitalizar sus besos para los bebés y sus abrazos para las ancianitas muecas.

Entre tanto, gente sin afanes de gloria ni ambiciones desmedidas, pone literalmente su vida al servicio de personas que jamás les darán un voto para el senado o una embajada en Europa.

Foto: http://thisislondon.co.uk

Entre ellos deberíamos buscar a quién darle con confianza los presupuestos de los municipios para que no se pierdan en contratos escandalosos ni en maniobras clientelistas. Ellos sí saben qué es el bien común. Ellos aprecian la vida por encima de sí mismos, al punto que van a buscarla donde parece que ya se ha perdido.

Quizás, para las elecciones que vienen, deberíamos mirar en la hoja de vida de los aspirantes a representarnos y, supuestamente servirnos, qué tanto en realidad se han dado por el prójimo y hasta donde están dispuestos a invertir su vida en obrar correctamente con los extraños que lo favorecieron o no con su voto.

Más gente como los socorristas deberían lanzarse, no a la política, sino al verdadero servicio público; los políticos deberían aceptar de buen agrado una pasantía por la defensa civil, los hospitales de caridad o las escuelas que educan a los más pobres del país a ver si finalmente aprenden las lecciones de vida que los hagan también dignos de confianza.